Obituario de Madelyn Ellen Linsenmeir
Nuestra querida Madelyn Ellen Linsenmeir falleció el Domingo 7 de Octubre. Aunque su muerte fue inesperada, Madelyn sufría adicción a las drogas, y durante años temimos que su adicción le costara la vida. Nos consuela saber que, cuando murió, estaba en un lugar seguro con su familia.
Maddie nació el 31 de Marzo de 1988 en Burlington, Virginia, donde vivió la mayor parte de su vida adulta. Madelyn era una intérprete nata, con una voz tan bella que la gente se paraba en la calle al oírla cantar. Estuviera en un escenario o en la cocina con su familia, cuando compartía su voz, compartía su luz. Fue miembro de los Folkids de Vermont, una compañía de música y baile que recorrió el mundo actuando. Adoraba el esquí y el snowboard, y nadaba con el equipo de YMCA, ganando medallas en los campeonatos del estado.
Cuando tenía 16 años se mudó con sus padres a Florida para acudir a una escuela de arte dramático. Poco después probó Oxicontina por primera vez en una fiesta del instituto, comenzando una relación con los opiáceos que dominaría el resto de su vida.
Es imposible recoger la vida de una persona en un obituario, especialmente de alguien cuya vida adulta estuvo definida por la adicción a las drogas. Para algunos, Maddie era sólo una yonqui - cuando veían su adicción, dejaban de verla a ella. Y cuánto se perdían. Porque Maddie era divertidísima, y cariñosa, y valiente, y no se rendía nunca. Podía hablar con cualquiera, y lo hacía, y cuando estaba contigo no querías que se fuera. En un sistema que está cada vez más endurecido hacia los adictos, Maddie era apreciada y adorada por policías, trabajadores sociales, abogados y doctores, que la defendieron y creyeron en ella hasta el final. Fue adorada como hija, hermana, sobrina, prima, amiga y madre, y ser amado por Madelyn era un constante y maravilloso regalo.
Maddie amaba a su familia y al mundo, pero por encima de todo amaba a su hijo, Ayden, nacido en 2014. Transformó su vida por él. Cada tarde, hiciera el tiempo que hiciera, salía a pasear con él metido en el portabebé. No le hablaba, le cantaba, transformado su vida en una eterna canción. Como su madre, Ayden adora nadar; juntos pasaban horas en lagos y piscinas. Y le gustaba tanto acurrucarse con él, y rodearlo con su amor.
Tras el nacimiento de Ayden, Maddie intentó dejar las drogas con más fuerza y más coraje de los que he visto intentar nada a nadie en mi vida. Pero recayó, y finalmente perdió la custodia de su hijo, una pérdida que le resultó insoportable.
Los últimos dos años su enfermedad la llevó a lugares increíblemente oscuros, cuya oscuridad la envolvió; con cada insoportable desgracia que le ocurrió y cada horrible acto que su enfermedad le llevó a cometer no hizo más que aumentar su dolor y su vergüenza. Durante doce días este verano estuvo en casa, y la mayor parte del tiempo estuvo sobria. Esos doce maravillosos días, llenos de natación y películas de Disney y cenas en familia, creímos como siempre creíamos que lograría vencer a su enfermedad y conseguiría tener la vida que merecía. Lo creímos hasta el momento que murió. Pero su adicción la encontró y nos la arrebató de nuevo. Aunque hubiéramos pagado cualquier rescate por tenerla de nuevo, todo el dinero del mundo, esta enfermedad no la dejó ir en esta vida.
Si mientras lees esto estás luchando con tu adicción, debes saber que cada respiración puede ser un nuevo comienzo. Que cientos de miles de familias que han perdido a alguien por esta enfermedad están contigo, y rezan por ti. Que creemos con todos nuestro corazón que puedes lograrlo, y que vas a lograrlo. Nunca es demasiado tarde.
Si lees esto con prejuicios, intenta aprender más sobre esta enfermedad, porque eso es lo que es. No es un vicio, y no es una debilidad. Y lo más seguro es que conozcas a alguien que está luchando contra ella, y esa persona necesita y merece tu empatía y tu apoyo.
Si trabajas en una de las muchas instituciones que tratan con adictos - clínicas de rehabilitación, hospitales, cárceles, juzgados - y los tratas con el respeto y compasión que merecen, gracias. Si en cambio sólo ves un yonqui, o un mentiroso, o un ladrón en lugar de un ser humano que necesita ayuda, deberías considerar cambiar de profesión.
Nos consuela saber que Maddie está rodeada de luz, libre de la lucha que la atormentó. Hubiéramos dado cualquier cosa porque conociera esa libertad en esta vida. Nuestra pena por perderla es infinita. Y ahora ella es infinita.

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